El pañuelo en la cabeza, el ‘hiyab’, un problema para encontrar trabajo
La condición de la mujer musulmana está en constante cambio. Desde la sociedad occidental, muchas personas consideran que viven sometidas al hombre en una cultura machista, lo que implica, entre otras cosas, que ellas tengan que cuidar de sus hogares y tengan prohibido salir a buscar trabajo fuera de sus casas.
NATALIA PULIDO
Sin embargo, Sí ha hablado con las protagonistas, unas mujeres que se “mueven” entre su propia religiosidad, que buscan su espacio en el día a día y que demuestran que no hay una, sino miles de formas de ser musulmana. Hanan, de 29 años, nacida en Meknes (Marruecos), lleva un año y ocho meses en España.
“Uno de los problemas por los que la mujer musulmana no trabaja más o se la ve en más puestos de trabajo es el idioma. A veces es porque no sabe hablar español y otras veces es una excusa. Yo planteo lo siguiente: si fuese muda y no pudiera hablar, ¿no tendría derecho a trabajar igualmente?”, pregunta indignada, porque admite buscar trabajo “desesperadamente”. Otro de los problemas que encuentran algunas de ellas a la hora de encontrar un puesto de trabajo es el uso del pañuelo en la cabeza.
La mayoría defi enden el ‘hiyab’ y aseguran que no lo llevan por obligación. Lamiaa Ahadach, que llegó a España hace dos años, es de Tetuán (Marruecos). A sus 19 años le encantaría salir a trabajar. Hace un año no llevaba velo, pero se casó y decidió usarlo. “Yo quise ponérmelo, nadie me obligó, ni mi marido ni nadie, pero yo me encuentro mejor con él puesto. Es una cuestión de respeto y de fe”, explica. “En nuestra cultura, cuando te casas, automáticamente el marido piensa que si se ha desposado contigo puede asumir tu responsabilidad y no hace falta que salgas a trabajar, pero aunque tenga ese pensamiento no es una obligación, yo tengo libertad para trabajar, por supuesto si yo quiero”, asegura Ahadach. Entre risas, varias mujeres aseguran que prefi eren trabajar cuando están solteras, pero que cuando se casen les gustaría quedarse en casa cuidando del hogar y de los niños encantadas. “No es una obligación, es un placer”, dice Najia, que vive en Madrid desde hace tres años. Musulmana nacida en Alhucemas (Marruecos), cuenta mientras sostiene a su hijo en brazos que está buscando trabajo, pero que se quedaría en casa con el bebé si pudiera. “Lo que pasa es que con la crisis no me queda otra opción”, asegura.
Crisis con velo o sin él
Para Sheama Mohsen Sahdun, que viene de Bagdad (Irak) y tiene dos niños, opina que la crisis afecta a todo el mundo. “El problema del velo en tiempos como los de ahora no creo que sea lo más importante. Yo no llevo velo y tampoco encuentro trabajo”, dice. La profesora de español que escucha atentamente a sus chicas mientras ex-plican su situación, hace un inciso: “La fe es muy grande, quien tiene mayor fe no quiere quitarse el velo, pero si tienes poca fe o antepones alguna circunstancia de tu vida a la religión, pues te quitas el ‘hiyab’ y no pasa absolutamente nada”, dice Izzat. Tras el debate de quién tendría más oportunidad de encontrar trabajo, si una musulmana que lleva velo u otra que no lo lleva, se llega a la siguiente conclusión. “En el servicio doméstico es más fácil trabajar para nosotras, porque como no suele gustar que llevemos ‘hiyab’ de cara al público, limpiando o cuidando niños en una casa nos lo podemos quitar. Es más difícil que te cojan con el velo en un supermercado o en una tienda”, explican.
Por una vida mejor
El recorrido de Fátima por España refl eja también una realidad latente. Tiene 18 años y vino a España con su madre y sus dos hermanas porque su padre llevaba siete años en este país. Las tres mujeres marroquíes llegaron el año pasado desde Nador por reagrupación familiar, coincidiendo con que su padre que, trabajaba de albañil, acababa de perder su trabajo. “Ahora mismo mi padre está cobrando el paro, pero se le acaba en febrero. Con la nueva situación hemos tenido que cambiar de casa de alquiler yéndonos a una más barata porque el dinero no nos llega”, cuenta la joven. “Desesperada” por encontrar un trabajo para ayudar a su familia, explica: “Mis hermanas son aún muy pequeñas para trabajar y mi madre no sabe hablar español y no la quieren para ocupar un puesto de trabajo”. Por eso, el principal objetivo de todas estas mujeres es aprender castellano para ponerse a trabajar e integrarse mejor en España. “Realmente estoy muy triste ante esta situación. Mi familia está muy preocupada y no sabemos qué hacer. Si vinimos aquí fue en busca de una vida mejor, y ahora mismo no la tenemos”, explica Fátima. Sin embargo, Najaf está alegre. Nada más llegar a España, hace un año, encontró trabajo en la cocina de un restaurante italiano. “Me vine a Madrid porque mi marido murió y no es fácil encontrar trabajo en Marruecos, pero no por ser mujer, sino porque no hay trabajo”, dice.
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Domingo, 07 Febrero 2010
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